
Texto de Tiny Fisscher
Ilustraciones de Herma Starreveld
Editado por BiraBiro Editorial
A partir de 5 años
“Pajarito ha muerto. ¿Qué me dices? Pajarito ha muerto. ¿En serio? ¿Seguro que no duerme? ¡Despierta, Pajarito! ¡Que no! Boca arriba + patas arriba = muerto. ¿Seguro?”

Los que me conocéis en mi faceta de amante de la literatura infantil sabéis que, más allá de acontecimientos recientes en mi vida, el tema de la muerte en este campo me apasiona y me fascina.
Presentar la muerte a los más pequeños es, por lo general, algo que cuesta y para lo que muchas veces faltan recursos para responder a ciertas preguntas.

Pues precisamente mediante preguntas que no dejan de sucederse, esta historia de Tiny Fisscher nos da una sacudida de realidad y nos ofrece la muerte como un hecho existente, inevitable e irreversible… Y, a veces, inesperado.
Y solo dejando que la voz de la sensatez (muy bien personalizada en esta historia) nos guíe, se va a poder comprender y digerir todo el proceso de duelo que ella, la muerte, desata.

Pajarito ha muerto. Y parece que nadie se lo puede creer. Pero es así. Ha muerto.
El impacto de la noticia genera inquietud alrededor, y tras la inquietud llega la aceptación. Y también, porqué no, un poco de crispación y de mal humor (con mucho humor).

Entonces… pues se puede estar triste, se puede llorar. Y se puede llorar todavía más.
Tristeza y dolor tras comprender la pérdida de un ser querido para siempre. Un ser que para todos los que lo acompañan ha significado algo. Para cada uno algo distinto (más humor, alguna carcajada).

¿Y ahora qué? Pues las almas y los corazones de los vivos tienen que despedirse para quedar en paz y sanar poco a poco la herida causada por la pérdida del alma que desaparece definitivamente.
Cada uno a su manera, con su sentir, dan el adiós definitivo a Pajarito, y todavía compungidos por la intensidad emotiva del momento, entienden que la vida sigue y que es la hora del té.

Un té sanador, que los reconcilia con la vida y con el recuerdo, que sí se mantendrá vivo eternamente.
Una maravilla de libro que nos acerca a la muerte entre neutralidad y sensatez. Pero con un punto de genialidad humorística que me ha chiflado.

Y qué decir de las magníficas ilustraciones de Herma Starreveld que, a modo de collage, nos presentan a los ocurrentes y originales personajes encargados de dialogar para hacernos entender muchas, muchísimas cosas.
¡Es genial!

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