A partir de 4 años

Dos para mí, una para ti

Texto e ilustraciones de Jörg Mühle

Editado por Harperkids

A partir de 4 años

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“Volviendo a casa, Oso encontró tres setas. Comadreja estaba muy emocionada. Las limpió, las tostó, las sazonó con mucha sal y pimienta y las cocinó a fuego lento en la sartén con un poco de perejil. Oso las sirvió. – Una seta para mi y una para ti. Y la otra, para mí. Es lo justo. Soy grande y tengo que comer mucho.”

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Oso se encuentra tres setas, y Comadreja, contentísima, las cocina con todo su cariño. Ya sentados en la mesa y dispuestos a comerlas, llega el momento de repartirlas. Oso tiene claro cómo hacerlo, aunque Comadreja parece no estar de acuerdo con sus razones… Tal disentimiento genera una discusión entre los dos amigos que, exhibiendo argumentos variados para intentar convencer al otro, no son capaces de llegar a un acuerdo. Oso no ve justo ser él quien se quede solo con una seta, y Comadreja, evidentemente, tampoco ve justo lo contrario. Mientras andan enzarzados en su cada vez más acalorado debate, y sin que se den cuenta de su presencia, aparece Zorro en escena, y con él, la solución a su conflicto. Sin desvelar el final (risas aseguradas), os diré que, para cuando se terminen las setas, Comadreja tiene preparado el postre: tres (sí, TRES) suculentas fresas silvestres.

Jörg Mühle és un autor alemán que en nuestro país ha publicado, también con Harperkids, otros tres libros: “Pupas y Tiritas”, “Cosquillas y a la cama” y “¡Al baño, Conejito”, tres cuentitos interactivos preciosos para bebés.

Qué bueno que es este álbum. En serio, me parece genialísimo y ya tenía muchas ganas de recomendarlo. Jörg Mülhe ha sido capaz de encontrar el equilibrio perfecto entre la transmisión de valores (sin aleccionar) y el humor, y ha creado, junto a sus maravillosas ilustraciones, una obra sensacional.

Y es sensacional empezando por las guardas, que ya ofrecen dos ilustraciones bellísimas del mismo rinconcito de bosque en el que, de la anterior a la posterior, ¡han pasado cosas! Un dinamismo que permite buscar las diferencias y añadir más entretenimiento a esta genial historia.

Nos trasladamos al bosque, pero no a un bosque cualquiera, al bosque donde Oso y Comadreja tienen su dulce hogar. En la cocina (con un diseño ideal que la integra perfectamente con el entorno 😉 ) será donde transcurran los hechos. Oso ha encontrado tres setas, Comadreja las ha cocinado, todo está listo para poder degustar el riquísimo manjar, pero antes…. ¡Hay que repartirlas!

Oso y Comadreja van a ser los protagonistas de un apasionado debate en el cual ambos, movidos por el deseo de poder llevarse la mejor parte del “pastel”, deberán defender su postura y encontrar argumentos que la justifiquen. Los dos creen (y quieren) tener razón, y ninguno está dispuesto a dar su brazo a torcer.

Una discusión inicialmente es tranquila y respetuosa que, poco a poco, y a la vez que los egos de los protagonistas van tomando posesión de su razón, va subiendo de tono y acaba con miradas acusadoras, gritos y malos modales (el mantel es prueba fehaciente), donde las setas en sí ya no son lo más importante. Sin intención por ninguna de las partes de buscar soluciones intermedias, parece que esta discusión no tenga final… pero entonces aparece Zorro que, sin mediar palabra, acaba con el conflicto de una forma inesperada que seguro nos va arrancar alguna carcajada. Además, creo que casi todos los mayores aquí presentes, poco o mucho, tendremos que reconocer que este zorro “salomónico” habita en parte en nuestro interior 😉

Un álbum que refleja de una forma sencilla y muy gráfica la realidad de la infancia (o no tan infancia…). Cuando el sentido de la justicia se mezcla con el egocentrismo propio de estas etapas, los enfrentamientos de este calibre a la hora de compartir y/o repartir están a la orden del día. Ir adquiriendo una perspectiva sobre la justicia más equilibrada y menos avariciosa es cuestión de tiempo, de acompañamiento y de saber parar para buscar, entre todos, las soluciones más justas (valga la redundancia), que no siempre serán las más equitativas.

Y atención al post-conflicto: la vida sigue, se pasa página y aquí no ha ocurrido nada. Cualidad (yo diría virtud) también de la infancia la de vivir el presente sin rencores ni resentimiento. Lo admiro y lo intento imitar. 

Y lo que más me gusta de este libro es que, cuando crees que ya está todo resuelto, aparece un nuevo foco de conflicto (¡el postre son 3 fresas!) que deja un final abierto para ofrecer la posibilidad de debate. Sin entrar en si la solución de Zorro es la más adecuada, deja la puerta abierta a la reflexión, a pensar y a proponer otras soluciones. En casa, Berta y Blai plantearon dos finales distintos, y debo decir que los dos, bien argumentados, tenían su razón de ser y podían ser válidos y JUSTOS.

Una historia que refleja algo con lo que todos los que vivimos con niños tenemos que lidiar a diario, y lo hace de una forma muy aguda, ocurrente y graciosa, que divierte a grandes y pequeños (muy sugerente para hacer un poco de teatrillo) y que, sin juicios, deja que seamos nosotros mismos los que la cerremos. Y todo ello con unas ilustraciones muy otoñales que me parecen maravillosas. ¡Me gusta muchísimo!

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